Carlos Mauricio Bernal

PACIENTE 123

Plenitud

La décima escena, Plenitud, es tal vez la representación más reflexiva de mis pensamientos y de mi mundo interior. Inicialmente se denominaba “muerte”, pero por sostener un equilibrio positivo con el resto de escenas, y por solicitud expresa de parientes cercanos, lo cambié por plenitud.
La fotografía central cuenta cómo, después de semanas de inmovilidad, me atreví a salir de casa y buscar un “motivo para el optimismo”. Así encontré un helado de mora, en un establecimiento de inmigrantes y no dudé en compralo. Cuando quise enviarle un “selfie” a Inma para contarle mi “gran logro”, me veo reflejado con la luz del sol sobre mi cabeza emitiendo destellos. Entonces recordé que durante esos días había estado reflexionando sobre mi muerte y me quedé muy sorprendido de lo que el subconsciente es capaz de hacerte plasmar a través de la fotografía.
En la parte izquierda del panel, continuando con la búsqueda en todo el trabajo de luces y sombras, se hallan tres fotografías. La superior que indica el “lugar” que mereceremos, o no, ocupar después de la muerte. La segunda, la intimidad en la que surge este hecho tan natural y, la tercera es un trozo de salami en el suelo, que desea explicar claramente el material del que estamos hechos y lo que sucederá cuando ya no ocupemos nuestro cuerpo.
La fotografía de las ramas verdes de un árbol la tomé justo después de que viviéramos el lamentable fallecimiento de un hombre joven cerca de nosotros y el drama familiar que se percibía. Anhelo que ese hermoso paisaje fuera lo último que hubiera podido observar.
A la derecha del panel, dos imágenes que desean hacer reflexionar al espectador sobre lo divino y lo humano. Las luces en un pasillo hacia y la aceptación de que la muerte se constituye como el único acontecimiento democrático de la humanidad. Nos llega a todos por igual.